9 de marzo de 2010

OTRO POEMILLA

De mi "Absurdo sigue rodando"


SEMANA FANTÁSTICA

cuarenta horas de tedio,
cuarenta de hipocresía,
cuarenta horas por semana
vendo mi alma al por menor.

Qué queda de mí dentro de este uniforme,
qué de mí en mis “qué desea”,
qué queda de mí al cerrar las cajas
contando billetes,
contando monedas,
contando las horas que restan
hasta tener que volver aquí dentro.

Mi pequeña parcela de angustia
en la quinta planta de nuestro centro comercial.
Mi pequeño suicidio en cuotas
de cuarenta horas semanales
más festivos, fiestas de guardar
y reuniones familiares.
Mi millón de capitulaciones diarias
agachar la cabeza, agachar la cabeza,
agachar la cabeza —,
mi indignidad necesaria.

Mi plato de garbanzos
a cambio de la vida que quiero.
Y de la que tengo.

Me estoy volviendo loca.

9 comentarios:

raquel dijo...

Seguir creyendo en la luz cuando está oscuro es un privilegio, una tabla de salvación, un ejercico de madurez, la única manera de que quizás vuelva.
besos

anaïsea dijo...

No dejo de creer en que vuelva la luz. Ahí está agosto. Pero hay ratos en que una tiene que aferrarse a los poemas. Besos, ma.

Oscar dijo...

Vaya, parece que es difícil ver un poema algo positivo, eh? ;-)

Pero me da a mí que si tu vida fuera un camino de rosas, entonces no habría necesidad de poemas.

Ánimo!

A todo esto... este poema fichará por Ajolote? ;-)

anaïsea dijo...

Pues aún no lo sé, Óscar. Pronto sale el último ejemplar, lo colgaré aquí.

Y tienes razón: sin el asco del curro no habría salido este poemario laboral. ¡Un beso!

Cangrejo Pistolero dijo...

Felicidades por tu blog. Lo seguiré.
Un saludo cangrejil.

anaïsea dijo...

Muchas gracias, Cangrejo. Será todo un honor que te pases por aquí. Yo también estoy atenta a tus andanzas. Un saludo ¿anaïsil?

Oiertxo dijo...

Muy bueno. Lo he leido en el ajolote jjjjjj

anaïsea dijo...

¡Gracias, Oiertxo!

Dr. Flasche dijo...

Uno casi teme escribir sin llamar a la puerta, pero tengo doble excusa. Dejé recado en fcbk y vengó con recomendación, tres puntos en una tarjeta grabada en una cámara de niebla. Dos líneas y ya me metí hasta la cocina. ¡Qué grosero! De acuerdo, menos parloteo y al grano. Sí, 40 horas y un sueldo, es la esclavitud de la que hablaban los anarquistas, la pregunta que supieron formular, pero muy pocas veces responder. La piedra, la cuesta, la piedra, la cuesta, la piedra, la cuesta, la piedra, la cuesta…cada día como Sísifo arrastramos nuestra carga, atados a una cadena, a 40 monedas de las de ahora, a 10 de las de plata, según la época o la leyenda. Nos vendemos, nos traicionamos, a nosotros, al Dios sin nombre que habita nuestras entrañas. La condena, cadena perpetua.

Sin embargo, no, no somos culpables, porque solo se mueve lo que anda, lo que camina, si se prefiere. No, ni deuda, ni pecado. El secreto, es el autoperdón, la compasión con uno mismo.

No, no te estás volviendo loca. Has encontrado una ventana, un camino, arduo, porque lo habita la duda, pero de paz y sosiego.

Y nada más. Como suelo decir después de mis “chapas”, disculpa la intromisión.