16 de febrero de 2010

IMAGEN DE LA MUJER EN LA LITERATURA Y LA PINTURA DEL CAMBIO DE SIGLO

Os adjunto aquí debajo, por si os interesa, parte del trabajo sobre la imagen de la mujer en el arte y la literatura que hice para la asignatura de Principios y métodos de la literatura comparada. Tiene laminitas y todo, si pincháis en los autores, así no os aburrís si sois tan valientes de mirarlo.




LA MUJER EN EL ARTE. EL DESNUDO FEMENINO.

La mujer ha sido retratada en el arte desde el inicio de la cultura, y siempre ha sido representada según unos convencionalismos. Lynda Nead habla de una “regulación mágica del cuerpo femenino” para referirse a una estereotipación, a la idea de que el cuerpo femenino es un marco que define las fronteras de la feminidad.

Clark hace una diferenciación entre el “cuerpo desnudo” y el “cuerpo sin ropa”. El primero sería un cuerpo confuso e indefenso, mientras que el segundo es un cuerpo “vestido por el arte”, re-formado, que ha pasado de lo real a lo ideal. Sin embargo, todo desnudo es un cuerpo en representación. Como toda obra de arte, un desnudo es un cuerpo producido por la cultura.

Existen unos códigos para la representación del desnudo. Manet, con su Olimpia, los transgredió: el cuerpo femenino representado en Olimpia rechaza los signos permisibles de la sexualidad femenina. Los críticos de su tiempo vieron en esa representación “suciedad, enfermedad, identidad de clase obrera y sexo descaradamente convertido en moneda de cambio”. Sin embargo, con la perspectiva que nos da el tiempo, vemos que Olimpia es una representación. Así pues, “estar sin ropa” y “estar desnudo” es una dicotomía estéril: todo cuerpo está en representación.

Según Patricia Mayayo, “el arte desempeña un papel fundamental en la creación y difusión de determinados estereotipos femeninos: (…) actúa como mecanismo de regulación de las conductas mediante el cual se adoctrina a las mujeres sobre aquellos roles que deben representar (virgen, madre, amante, esposa...) y aquellos que deben a toda costa rechazar (prostituta, bruja, mujer fatal...)".

Si bien es cierto que no hay pruebas de la intención de los artistas al representar modelos de buena mujer y mala mujer, y que hay casos (como la Olimpia) en que no está muy claro si la mujer representada es buena o mala, es cierto que lo que se representa son roles. Como dice Lynda Nochlin, “hay prejuicios acerca de la debilidad y pasividad de la mujer, de su disponibilidad sexual, de su íntima relación con la naturaleza... Estas nociones constituyen una especie de subtexto que se oculta detrás de casi todas las imágenes de mujeres”. Lo que no es tan fácil dilucidar es si esos roles, esos papeles esperados, son creados por la pintura o sólo representados. En otras palabras, tal vez la pintura tan sólo refleje el papel que las mujeres tienen en la sociedad del momento. Lo más probable es que, como tantas veces, sea un círculo: la mujer tiene un papel pasivo en la sociedad, el arte refleja un papel pasivo de la mujer (ya que esa es la concepción que el artista tiene de las mujeres) y esto vuelve a influir en la sociedad, que reafirma su visión de la mujer bajo ese prisma.

Es interesante que las primeras representaciones estereotipadas de la mujer entronquen con la literatura (la bíblica, para más señas). Desde la Edad Media se representa a la mujer buena (María), que encarna el ideal y que dará lugar a las bellas donnas rafaelistas y a toda la tradición de la mujer perfecta, frágil, casta y pura; y por otro lado se representa a la mujer mala, la pérfida Eva, el peligro femenino, la lujuria y la encarnación del diablo. La mujer buena es completamente pasiva: se limita a ser un objeto de contemplación. La mujer mala es también pasiva, pero induce a la acción. Señala Frugoni que “los varones son pecadores debido al uso excesivo de sus capacidades e iniciativas o porque son incapaces de controlar sus impulsos o sentimientos; en cambio, las mujeres no deben esforzarse en nada, porque su cuerpo mismo las empuja inexorablemente a la transgresión, no son un sujeto pecador, sino un modo de pecar ofrecido al hombre”.

En el arte se evidencia esta concepción de la mujer como causa de la pureza o el pecado del hombre, como forma de señalar (que no empujar ni acercar) al buen camino. La mujer, tanto desde los primeros textos como desde las primeras representaciones pictóricas, es completamente pasiva.

Esto, claro, cambia en el siglo XX, cuando la mujer buena ya no se relaciona de forma unívoca con la mujer casta. Tras la revolución sexual de finales del siglo XX, la mujer ideal ya no es la mujer que guarda su pureza sino, más bien, la que disfruta de su sexualidad. Quién sabe si este cambio se debe a que, anteriormente, para poder practicar sexo era necesario un matrimonio previo, y una mujer sólo era casadera si se mantenía virgen. Ahora que el matrimonio es sólo una posibilidad más, y no es un requisito para el coito, la mujer liberada se ve de forma positiva: su disponibilidad sexual ya no depende de su castidad sino de que no vea el sexo como algo malo. De nuevo, y sin querer parecer suspicaz, el rol que se retrata es, casualmente, el que favorece las necesidades del hombre.



TEMAS O ESTEREOTIPOS DE LA MUJER.

En el siglo XIX proliferan las representaciones del desnudo femenino, lo cual obedece en parte a la demanda de una burguesía que acaba de nacer y consolidarse y en parte a los cambios en la definición de la feminidad y de la sexualidad femenina que se basan en la construcción de un ideal de la mujer basado en la dependencia económica y la pasividad. Como contrapartida, la mujer tiene el poder de su atractivo: si lo emplea para conseguir sus fines, será una mala mujer o femme fatale; si, por el contrario, lo esconde recatadamente, será una buena mujer y amante esposa.

En el siglo XIX el tema de la sexualidad en el arte tiene especial importancia, hay cuadros que sirven tanto para satisfacer la necesidad de erotismo de los espectadores, como los hay para incidir en el moralismo burgués.

La comparación que voy a establecer entre las disciplinas va a ser meramente temática. Como bien sabemos, no existe una metodología precisa para analizar cómo se “traducen” los diferentes medios formales, cómo se trasvasan. Así pues, analizaré a continuación algunos de los prototipos de mujer que se dan en el cambio de siglo, intentando exponer ejemplos existentes en literatura y en pintura.

LA CAUTIVA
Uno de los temas que aparecen es el del cautiverio o la esclavitud. Las esclavas son propiedad de su amo, y han de hacer todo lo que sea voluntad de él. Pueden verse ejemplos en la pintura de Couture, Long y Gérôme. La mujer aparece como un objeto, una propiedad del varón. No se rebela contra ese estatus, puesto que es algo impuesto y, aparentemente, natural.

En la literatura esta esclavitud no es tan evidente, no supone una esclavitud en el sentido grecorromano, pero en la literatura (y en la sociedad de entonces) había ejemplos de cómo una mujer dependía de su marido. En Anna Karenina, por ejemplo, Anna es presa de su situación social. Ella es válida en tanto en cuanto es una buena esposa, en el momento en que abandona a su marido, queda a merced de Vronsky. Una mujer depende de un hombre, es presa de él, y ha de agradarle a fin de no quedar sin medio de supervivencia. La diferencia es que en la novela de Tolstoi, Anna es consciente de su vulnerabilidad y dependencia, lo cual la induce a la locura. Anna es una mujer que podría no depender de un hombre si la sociedad lo permitiera.

PROSTÍBULOS Y CABARÉS
El tema de los prostíbulos surge con mucha fuerza en esta temporada. Esto se debe a que la mayor parte de los artistas eran bohemios y los primeros que frecuentaban ese bajo mundo. En literatura, Maupassant, Zola, Flaubert y Dumas hijo son los que más tratan el tema. En pintura, están Degas, Forain o Toulouse-Lautrec.

La prostitución también supone una esclavización económica. Toulouse-Lautrec es quizás el más representativo pintor del mundo prostibulario. Sus dibujos muestran a la vez un lado grotesco y antinatural y otro conmovedor y patético. Las mujeres retratadas rara vez son hermosas en el sentido clásico (salvo, tal vez, la joven de espaldas de la Toilette), los colores vivos y los movimientos acusados producen un efecto chillón y grotesco, pero embargado de humanidad. Las prostitutas de Toulouse-Lautrec producen lástima, pero nunca respeto o admiración.

La obra de Manet, la Olimpia, sí que supone un cambio en la visión de la prostituta. La transgresión de Manet se inició ya en El almuerzo campestre, en donde el desnudo entraba dentro de las pautas del momento, pero que colocado junto a dos personajes con atuendo contemporáneo suponen una provocación a sus coetáneos. La mujer desnuda del cuadro no se siente en “inferioridad respecto a sus acompañantes”, dice Edward Lucie-Smith, “a pesar de su sexo y a pesar de su falta de ropa. Ella se encuentra con sus compañeros en igualdad de condiciones”. Este sentimiento de confianza de la mujer desnuda es aún más evidente en la Olimpia. La composición de la Olimpia es muy similar a la Odalisca con esclavo de Ingres, pero la odalisca es sumisa. Puede verse en la lámina del anexo que no es dueña de sí misma, está postrada esperando a que vengan a tomarla. Olimpia, sin embargo, está serena y es dueña de sí misma. Sigue diciendo Lucie-Smith que “mira hacia afuera del lienzo de una manera que evidencia que ella no se somete a hombre alguno. (…) Es un retrato, el rostro y el cuerpo están totalmente caracterizados. (…) Está desnuda y parece orgullosa de estarlo”.

Manet es el primero que retrata el poder sensual de una mujer pero que no lo muestra como algo negativo, ni grotesco, ni como algo que produzca terror.

Esta concepción positiva de la mujer de bajos fondos la encontramos también en la literatura. En La dama de las camelias de Dumas hijo, en donde la protagonista, a pesar de ser una prostituta, se sacrifica por el hombre que ama, y por medio de ese sacrificio personal y desinteresado se santifica y purifica. Noviembre, una obra de juventud de Flaubert, retrata a María, una prostituta que es, además, una mujer reseñable, autónoma y seductora. Ella tiene también matices negativos, no está tan idealizada como Margarita, pero es en definitiva una visión favorable de la mujer, donde lo principal no es que sea un objeto.

Baudelaire, pese a su conocida misoginia, dedicó gran parte de su producción al retrato de su amada, también prostituta. En el poema Las joyas, leemos versos como “Estaba tendida y se dejaba amar”, que pueden recordarnos a la Odalisca de Ingres. Sin embargo, en muchos versos acentúa ese papel de la mujer como objeto de deseo para el varón, que puede comprarse con riquezas, como en La cabellera: “(...) Mi mano en tu crin pesada / sembrará el rubí, la perla y el zafiro, / ¡para que a mi deseo no seas jamás sorda!”; o el estereotipo de la mujer pérfida e impura “¡Meterías al universo entero en tu callejuela, / mujer impura!” (poema 27 de Spleen e ideal)


LA MUJER QUE TODO LO DEVORA
La mujer que todo lo devora es el vampiro. Es un tema heredado del Romanticismo, y entronca con el de la belleza de la Medusa y el vampiro, la esfinge, la fascinación por el diablo y lo satánico y por la mujer fatal. Tanto en pintura como en literatura renace el tema de Salomé (Óscar Wilde en literatura; Picasso, Rodin, Moureau), de la mujer tan hermosa que produce estragos y del vampiro (lámina de Munch). Es una concepción negativa del poder sexual de la mujer, otra vez, y tanto las obras pictóricas como las literarias muestran cierto terror a la imagen de la mujer insumisa. Khnopff habla de “fisonomías femeninas, al mismo tiempo enérgicas y lánguidas, en las que se reafirman el deseo de lo imposible y la angustiosa sed de pasiones imposibles de satisfacer”.

En literatura, la mujer fatal por excelencia es Madame Bovary, mujer egoísta y caprichosa que, además de ser infiel, lleva a su marido a la ruina económica y psíquica. Emma es una mujer manipuladora y malvada, y lo peor es que ni siquiera se da cuenta de ella. Flaubert la retrata con cinismo, mostrando sus peores facetas, como si quisiera señalar de la forma más abierta posible en qué puede devenir unirse a una persona como ella.

Baudelaire cultiva el mito de la bruja en el poema "Sed non satiata" de Spleen e ideal: “bruja con entrañas de ébano, hija de las negras medianoches”; tiene un poema denominado "El vampiro" (“tú, fuerte como un rebaño de demonios, / viniste, loca y engalanada”) en el Spleen y otro llamado "La metamorfosis del vampiro" en Las flores del mal; en otros poemas, como el de "Remordimiento póstumo", hace referencia a “mi bella tenebrosa” o “lánguida hechicera” en "El bello navío".

ÁNGELES DEL HOGAR
Durante el siglo XIX se consolida la idea burguesa de las esferas separadas: los varones pertenecen a la esfera pública, y las mujeres virtuosas al hogar. Las mujeres que se inmiscuyen en el ámbito público son mujeres perdidas, caídas, fatales y de mala vida. La misión de la mujer se circunscribe a su papel como madre, esposa e hija. La línea que separa lo familiar de lo público es la misma que separa la feminidad respetable de la desviada.

La mujer pasiva cuyo papel es acompañar al hombre es uno de los pocos roles en que la mujer es presentada como algo bueno, y ha sido un tema común en pintura y literatura desde los inicios del arte. En literatura un ejemplo paradigmático podría ser Kitty , la esposa de Lievin en Anna Karenina.

En pintura, puede verse la lámina de Hicks, en la que la mujer da consuelo a su marido, quien acaba de recibir una mala noticia. El hombre y la mujer de este cuadro representan el símbolo del roble y la hiedra: el hombre da sustento a la mujer para que pueda crecer y esta lo abriga y adorna cuando es menester.

Como hemos visto, en este período florecen estereotipos de mujeres que, si bien se retratan como algo negativo, les confieren un poco de autonomía y de poder hasta entonces negado. Ante esta adquisición de poder, surgen cuadros que abogan por “la mujer natural”, esto es, una mujer inocente, en contacto con la naturaleza, demasiado “simple” para preocuparse de asuntos de hombres. Es la figura de la bañista (lámina de Renoir), que sólo es un cuerpo, parte de un paraíso natural. Es la mujer en su debido sitio.


CONCLUSIÓN
En el siglo XIX hay un planteamiento, tanto en pintura como en literatura, de cuál es el papel de la mujer, cuál su lugar ideal y cuál su poder. Vemos que la mujer presentada de forma positiva es la mujer pasiva, madre y esposa, la que sigue la senda trazada por la tradición. Por otra parte, los roles que asumen el poder sexual de la mujer son por lo general presentados como aborrecibles y aterradores, salvo en el caso de Manet.


BIBLIOGRAFÍA

www.google.es (imágenes)
http://es.wikipedia.org
www.cervantesvirtual.es
www.rae.es

Catálogos:
Catálogo del Museo Nacional centro de Arte Reina Sofía: Arte para un siglo. I. El cambio de siglo [1881-1925]
Catálogo del museo impresionista d'Orsay: Paintings.

Bozal, Valeriano: Historia de las ideas estéticas I, II. Historia 16, 1998
Lucie-Smith, Edward: La sexualidad en el arte. Destino, 1992.
Lucie-Smith, Edward: El arte simbolista. Destino, 1992.
Mayayo, Patricia: Historias de mujeres, historias del arte. Cátedra, 2003.
Nead, Lynda: El desnudo femenino. Arte, obscenidad y sexualidad. Tecnos, 1998.
Praz, Mario: Mnemosyne. Taurus

Eetessam Párraga, Golrokh: “Lilith en el arte decimonónico. Estudio del mito de la femme fatale”.

8 comentarios:

Oscar dijo...

Interesantísimo el ensayo-chapa-literatura-opinión-pintura XD

Desde luego, la concepción de la mujer "deseada" en el siglo XIX no es la misma que se transmite en la cultura urbana actual. No hay más que hojear un par de cómics, jeje.

Fíjate, nunca me había preguntado el por qué la mujer de El Almuerzo Campestre de Manet estaba desnuda mirando a la "cámara" de esa manera tan natural e incluso desafiante. Siempre me intrigó (y me interesó) pero nunca pensé sobre ello.

Ahora que lo veo como una manera de reivindicar la importancia y la dignidad de la mujer en contra de la corriente establecida y plenamente aceptada, ya no lo veo interesante, lo veo UNA GENIALIDAD.

anaïsea dijo...

Óscar: ERES UN VALIENTE. ¿En serio lo has leído? Dios mío, creo que te adoro XD

Me alegra mucho que te haya resultado interesante. A mí Manet siempre me había chiflado, pero después de haber hecho este trabajo me doy cuenta de que sienta las bases del "buen" feminismo. Es el único artista que conozco que hace de la mujer una mujer, diferente del hombre pero igual a él en dignidad. No es ni algo sumiso y frágil ni algo aterrador e imponente. Es, simplemente, alguien similar. Y me parece genial.

Y sí, creo firmemente que la imagen de "mujer ideal" la ha creado el hombre conforme a sus intereses: antes interesaba una mujer dócil y casta; ahora, una guarrilla. Qué casualidad, ¿eh? Ahí están las series de televisión, las canciones, los cuadros... y los cómics, como bien dices.

Menos mal que siempre "habemos" gente con cabeza...

Oscar dijo...

Jajajaja, bueno bueeeeeno, que me siento como si me hubieras puesto una corona encima!! XD

A mí es que me encanta filosofar sobre temas "intrascendentes" (le pongo las comillas porque me refiero a cosas, en realidad "trascendentes" pero que para la vida diaria son más bien inútiles y a veces hasta ridículas). Me tendrías que ver cuando me junto con una amiga y nos ponemos a debatir sobre cosas como la muerte o la "validez" de las religiones...

Al final siempre suceden dos cosas: o nos dan las tantas, o viene alguien a decirnos que ese tipo de chorradas no merecen tanto interés.

Cuando hablas del "buen" feminismo, yo lo que pondría entrecomillado es "feminismo", porque no lo considero como tal. Lo considero justicia, o "igualitarismo", pero el feminismo propiamente dicho, en nuestra época, es simplemente machismo cambiado de signo, como en matemáticas. Igual de nocivo, igual de injusto, solo que pone sus escudos y lanza sus flechas hacia otro lado.

Lo sé porque esta amiga de la que te hablo SÍ que es feminista, y te aseguro que NO es igualitarista XD

Es cierto que la pintura refleja la mujer ideal según los intereses de los hombres, y que eso ha sido así durante todas las épocas, incluida la actual, pero en cierta medida es lógico porque... tú eres más "culturista" que yo (:-P) pero... ¿cuántas pintoras famosas conoces a lo largo de la historia? (yo a Frida Kahlo y por una peli) ¿y cuántos pintores famosos?

Y eso desde luego no va a mejorar de aquí en adelante, porque las artistas actuales, que hay muchas, al igual que los hombres, se dedican casi por entero a la abstracción y la experimentación pura (y en muchas ocasiones, tramposa), y no tienen ningún interés en plasmar o transmitir su ideal de hombre, o su ideal de lo que no debe ser un hombre.

Quizá el último refugio que nos queda en ese sentido es mirar las láminas de ilustradoras como Victoria Francés y fijarnos en sus modelos masculinos, pero resulta que dibuja predominantemente mujeres...

En fin, que esto me parece muy interesante y me gustaría que hubiera un paralelismo pictórico equivalente que revelara cómo debe ser el hombre perfecto según los intereses femeninos.

Sería útil para los dos sexos ;-)

P.D.: TOMA CHAPAAAAAAAA!! XD

Egoitz T. E dijo...

Mi niña! dame un toque cuando andes por estas tierras que estare felíz de tomarme una caña, o dos o tres o cuatro... contigo. Un beso y gracias.

cherryinjection dijo...

No te funcionan algunas de las imágenes :s les das y te llevan directamente a google a la página de búsqueda.

No sé comentar cosas sesudas, pero me ha gustado. Ya te lo comentaré cuando vaya Salamanca, a ver si es pronto que este puente no puede ser, le sigh.

Anónimo dijo...

Il semble que vous soyez un expert dans ce domaine, vos remarques sont tres interessantes, merci.

- Daniel

anaïsea dijo...

Merci, Daniel.
Je ne suis pas un expert, mais j'aime réfléchir sur cette question. Je vous remercie votre visite et je m'excuse pour mon français terrible. Merci. Salut.

Anónimo dijo...

Hey, I am checking this blog using the phone and this appears to be kind of odd. Thought you'd wish to know. This is a great write-up nevertheless, did not mess that up.

- David