30 de diciembre de 2009

SU TIQUET GRACIAS


Quién va, para regalo, son veinticinco cuarenta, gracias, los cambios y el tiquet gracias, envolver, pegatina, a la bolsa, ¿y no me pone un adorno?, sacar de la bolsa, una fila enfurecida de clientes enfurecidos, colocar el adorno, meter en la bolsa, fila furibonda que bufa, aquí tiene, gracias, siguiente.

Quién va, para regalo, diecinueve noventa, justo, perfecto, su tiquet gracias, envolver, pegatina, ¿quiere adorno?, no hace falta, a la bolsa, bueno sí mejor ponme adorno, bufo en mi cabeza tras una mueca macabra que simula una sonrisa, sacar de la bolsa, adorno, a la bolsa, aquí tiene, siguiente, ¿me has dado el tiquet?, sí señora, ¿seguro?, sí señora, no lo encuentro ah sí aquí está, gracias, siguiente.

Quién va, para regalo pienso en París catorce noventa y cinco con sus calles de lluvia su cambio y su tiquet en las editoriales de París gracias en las que podría trabajar envolver pero para eso tengo que estudiar francés pegatina así que me compraré la gramática de espasa el adorno porque es un sueño plausible a la bolsa y está claro que esto no es vida gracias en absoluto siguiente.


20 de diciembre de 2009

LOS PERROS ROMÁNTICOS

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba ese sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar.

Roberto Bolaño en Los perros románticos (Acantilado, 2006)

3 de diciembre de 2009

LA AUTORIDAD Y EL RESPETO





Siempre he sido excesivamente orgullosa. Y tengo hacia mi orgullo una actitud ambivalente: no me alegro de ser tan orgullosa porque a veces la dignidad se convierte en terquedad, pero prefiero ser digna y vapuleada antes que humillada. Prefiero acabar malherida antes de agachar la cabeza.

Cada día he de entrar en un edificio enorme por una puerta diferente a la del resto de la gente. Esa es mi primera capitulación diaria: bajar largos tramos de escaleras hasta un subsuelo lleno de laberintos, como una rata de laboratorio, y caminar por pasillos subterráneos hasta aflorar en un mundo de servilismo. Un mundo de servilismo donde, claro, yo soy la sierva. No me importa ofrecer servicio. Nunca me ha importado. Creo que la dignidad del ser humano reside en gran parte en su capacidad de ofrecerse. El problema viene cuando aquellos que te piden servicio confunden el servicio con el servilismo. Cuando confunden autoridad, respeto y sometimiento.

Me he resignado a empeñar la mitad de mi vida a cambio de un sueldo cuasi-digno. Pero no van a hacer de mí parte de toda esa parafernalia. Como dicen en muchas películas, "tienen mi cuerpo, pero no mi corazón". Intentando hacer que suene ligeramente menos ridículo diré que tienen mi tiempo, pero no a mí. La Anaïs capaz de hacer grandes cosas está aquí dentro, guardada, esperando su oportunidad. Y algún día llegará. Estoy moviendo los hilos para que esa oportunidad llegue, y sea un hecho, y sea un hecho que marque un hito (una beca, un trabajo mejor). Algún día dejaré esos laberintos cavados en las tripas de la ciudad y llenaré aún más mi casa de libros, y pasearé por aulas y por claustros y tendré tiempo, por fin, para estudiar con mayúsculas; estudiar de forma madura, leer comprensivamente, investigar, investigar, investigar y, así, aprovechar este cerebro y a sus fieras para desenmarañar un poquito más ese universo literario que me apasiona. Yo sé que llegará ese día, y toda esta frustración y todo este resentimiento no serán más que un par de párrafos en este blog y algún relato introspectivo. Y nada más.