25 de agosto de 2009

NO SE PUEDE PEDIR MÁS

La magia de Cohen y la de García Lorca. Sólo faltaba que fuera una versión de Amanecer en Conney Island. Menos mal que no lo es. Me moriría de gusto, literalmente. Pataploc. Adiós Anaïs. Con esta versión del Pequeño Vals Vienés, entro en un dulce trance. Espero que lo disfrutéis igual.

14 de agosto de 2009

LA INSOMNE APESADUMBRADA






Creí que nunca más me haría falta
huir para adentro.

Menos mal que esas cosas no se olvidan.



Fotografía, claro, por ITSASO

13 de agosto de 2009

ES TRISTE PERO ES ASÍ






El saber no ocupa lugar. La sabiduría no tiene precio. Lo dicen hasta en el Conde de Montecristo: pueden quitarte la libertad, pero el conocimiento... eso es otra cosa. Podría consolarme con eso, claro. Pero, la verdad, no consuela. No consuela porque sí que tengo bastante conocimiento. De hecho, oficialmente, ya tengo conocimiento suficiente para ser filóloga y, de hecho, una bastante aceptable. Sí, pero no puedo ejercer (si es que la Filología se ejerce). No puedo ejercer, no, porque carezco de título.

No sé cómo convalidar esos malditos siete créditos antes de septiembre. Y sé menos aún cómo voy a pagarlos. En dos plazos, me dicen. En dos plazos. Setecientos setenta euros en dos plazos. Si eso no fuera mi sueldo bruto mensual, sería fácil de llevar a cabo (afortunados mileuristas, ya quisiera yo ser una nueva pobre). Si no estuviera aún pagando el préstamo por la anterior matrícula sería incluso posible. Y esto por no meterme a hablar del título. Porque no sólo tengo que pagar los créditos: también hay que pagar el título. Ese papelito que cuesta doscientos euros más.

Duele más porque es a tocateja y todo de mi agujereado bolsillo. Pero no me olvido de que, además de mi matrícula, estoy pagando la de todas esas personas de la universidad pública que ni siquiera van a clase ni aprovechan sus convocatorias porque, "total, la matrícula cuesta una miseria". Con el 16% que los amables chupópteros de Hacienda mangonean de mis setecientos setenta brutos mensuales. Mira qué gracia. A la vez, a mi espalda, el peso de la opípara vida universitaria de niños de papá que van de niños de papá y de niños de papá que van de no soy un niño de papá. Niñatos todos, en fin. Que os aproveche.

Pero vamos, las cosas como son: es triste. Es triste porque ahora mismo, la verdad, no me sirve de nada saber reconocer las benditas figuras retóricas de Spang en un texto literario o saber datar un texto medieval y explicar la evolución de su sintaxis hasta nuestros días. No me sirve de nada porque no tengo un papel que rece que sé hacerlo. Porque los números cantan y todas son canciones fúnebres. Me quedo, como mínimo, un año más sin título. Da igual cuánto sepa. Da igual cuánto me esfuerce o cuánto me pluriemplee (ahora mismo estoy con tres empleos simultáneos, queridos míos). El triste hecho es que si yo no puedo ejercer es porque no llego ni a mileurista, no porque sepa menos que otras personas que están ejerciendo. Eso es lo triste. Y, pareceré una amargada, pero es que me da rabia. Porque, aunque esté mal que lo diga yo, y aunque no tenga título ni un sueldo digno, valgo bastante. En serio.

4 de agosto de 2009

HOY CUMPLO 23 AÑOS


Y estoy exactamente igual que cuando cumplí 17, sólo que mucho más contenta (y con unos cuantos kilitos de más). Voy a darme un homenaje como el de aquí arriba (fotografía de Itsaso, http://www.flickr.com/photos/just_to_feel_alive/, que es mi fotógrafa de blog oficial). Otro día hablaré de los ladrones de guante blanco, de la melancolía, del tiempo que pasa y de todas esas cosas, pero hoy me corresponde ser feliz por tener todo lo que tengo, y por tener tiempo por delante para seguir queriéndoos a todos, cada día más (si es que se puede) y mejor (que SEGURO que se puede).

Burlaos de mi ñoñez, malandrines, burlaos, pero vosotros no estáis ni la mitad de contentos que yo. Os lo aseguro.