3 de diciembre de 2009

LA AUTORIDAD Y EL RESPETO





Siempre he sido excesivamente orgullosa. Y tengo hacia mi orgullo una actitud ambivalente: no me alegro de ser tan orgullosa porque a veces la dignidad se convierte en terquedad, pero prefiero ser digna y vapuleada antes que humillada. Prefiero acabar malherida antes de agachar la cabeza.

Cada día he de entrar en un edificio enorme por una puerta diferente a la del resto de la gente. Esa es mi primera capitulación diaria: bajar largos tramos de escaleras hasta un subsuelo lleno de laberintos, como una rata de laboratorio, y caminar por pasillos subterráneos hasta aflorar en un mundo de servilismo. Un mundo de servilismo donde, claro, yo soy la sierva. No me importa ofrecer servicio. Nunca me ha importado. Creo que la dignidad del ser humano reside en gran parte en su capacidad de ofrecerse. El problema viene cuando aquellos que te piden servicio confunden el servicio con el servilismo. Cuando confunden autoridad, respeto y sometimiento.

Me he resignado a empeñar la mitad de mi vida a cambio de un sueldo cuasi-digno. Pero no van a hacer de mí parte de toda esa parafernalia. Como dicen en muchas películas, "tienen mi cuerpo, pero no mi corazón". Intentando hacer que suene ligeramente menos ridículo diré que tienen mi tiempo, pero no a mí. La Anaïs capaz de hacer grandes cosas está aquí dentro, guardada, esperando su oportunidad. Y algún día llegará. Estoy moviendo los hilos para que esa oportunidad llegue, y sea un hecho, y sea un hecho que marque un hito (una beca, un trabajo mejor). Algún día dejaré esos laberintos cavados en las tripas de la ciudad y llenaré aún más mi casa de libros, y pasearé por aulas y por claustros y tendré tiempo, por fin, para estudiar con mayúsculas; estudiar de forma madura, leer comprensivamente, investigar, investigar, investigar y, así, aprovechar este cerebro y a sus fieras para desenmarañar un poquito más ese universo literario que me apasiona. Yo sé que llegará ese día, y toda esta frustración y todo este resentimiento no serán más que un par de párrafos en este blog y algún relato introspectivo. Y nada más.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que eres la persona que conozco que más se merece que le pasen cosas bonitas :) no te desanimes

Juli

Oscar dijo...

Es que hay clientes, y hay clientes.

De lo poco que estuve yo trabajando de camarero en una taberna de aquí de León, ya tuve algún caso de clientes indeseables que por el simple hecho de estar sentados en la mesa y tú con un delantal granate (muy digno, por cierto XD) ya se creen que te tienen que enseñar a leer y escribir.

En concreto hubo un caso que... Dios, qué ganas me quedé de decirle a ese hombre: "sí señor, la botella está a 16º, no le miento, y el indicador de la cámara frigorífica tampoco, póngase a cuatro patas y compruébelo usted mismo comparándolo con su temperatura basal" grrrrr.

Pero en fin, a veces hay clientes que compensan un poco esos otros seres y que te hacen volver a creer en el género humano.

En fin, chapada que he metido yo hoy!! XD

Raulillo dijo...

A los osados pertenece el futuro, cuando no podemos soñar más, morimos (Emma Goldman).
La frase viene de una señora que fue enemigo público nº 1 de Estados Unidos sin haber cometido un solo delito, y con esto quiero decir que soñar no es quedarse parados mirando futuros imposibles, sino poner en práctica las cosas que nos llevan a soñar y conevrtir en reales esos futuros.
Creo que me conoces suficiente para saber a qué me refiero.
Un revverencia y un beso.

anaïsea dijo...

Gracias a los tres! Hay días en que se hace más insoportable, eso es todo. Pero no es nada con lo que no se pueda.

Un beso a cada uno!

raquel dijo...

El cómo te vean los demás no es importante, ser siervo o no, está dentro de nosotros, tú eliges...hay que aprender a sentirse libre dentro de la cárcel, así te sentirás libre en cualquier situación.

Anónimo dijo...

todo llegará, estoy segura!
Leyre