26 de noviembre de 2009

MAÑANA TENGO CLASE



Me gustaría poder dormir. Pero es una de esas noches inquietas. Una de esas noches en que te levantas y dices "Voy a ponerme a escribir" y en lugar de hacer esa novela soñada o ese poema que abrirá las puertas de un mundo nuevo, te encuentras a ti misma mirando dibujos de pin ups de los años 40 en google. ¿Por qué razón? Pues no lo sé.

Pero, ¿por qué razón no puedo dormir? Soy una buena chica. Tengo la conciencia tranquila. He tenido una larga jornada de trabajo. Estoy cansada. ¿Por qué no puedo dormir? No es justo. Ni lógico. Ni sano.

He mirado también fotografías de desnudo artístico. El desnudo es un tema que me interesa. No por nada. Y, la verdad, estoy demasiado cansada como para intentar hablar de esto, pero creo que intento buscar el límite entre lo meramente físico, lo artístico, lo erótico y lo pornográfico. La diferencia entre lo erótico y lo pornográfico es muy sencilla. Es una diferencia de intención. Pero lo erótico es un campo ambiguo. Lo erótico es aquello que explota la belleza del cuerpo, que no lo transforma en otra cosa ni lo cosifica, pero que resalta la belleza de un cuerpo tanto que casi consigue que pasemos de ser espectadores a ser partícipes de esa belleza. O tal vez no. Ya digo que estoy muy cansada y que tengo sueño y que me duele la espalda, y de este tema no tengo ni idea. Es la típica idea que se da cabezazos contra las paredes de tu cerebro, pero que nunca toma cuerpo. Es una idea sin cuerpo. Sin palabras.

A mí, la Olimpia de Manet me parece el vértice en que se encuentran lo bello, lo físico y lo erótico. Pero la Olimpia tiene muchas más implicaciones. Te mira de frente y te dice "Soy puta, sí; atrévete a juzgarme". Es tan digna. Ese cuadro siempre me ha impresionado hasta la turbación. Esa seria altivez, esa seguridad que irradia. Esa fuerza. El arte está lleno de mujeres, pero hay pocas mujeres fuertes, intensas. Están Olimpia, Anna Karenina,  la Victoria de Samotracia y poco más. La mayoría de las mujeres son débiles, dóciles, son frágiles, son elementos decorativos tristes, bellas hasta el dolor físico, pero nada más. No tienen fuerza. En todo caso, como Teresa en La insoportable levedad del ser, su fuerza reside en su vulnerabilidad. Su fragilidad es su arma. Pero yo me consuelo con que hay Annas y hay Olimpias y hay Victorias que sacan la fuerza de su propia belleza. Hay mujeres fuertes. Tenemos esperanza.


Nunca suelo meterme en ese discurso "mujeril". Es tan fácil caer en el tópico. Y odio decir obviedades y odio los lugares comunes y no decir nada que aporte lo más mínimo. Pero últimamente, no sé por qué, mi feminidad me ha atacado como blandiendo una espada. Tengo el tema en mente. Y no sé por qué, relaciono todo esto con el erotismo y con la naturaleza y con todo esto de lo que venía hablando. No: no sé adónde quiero ir a parar. Supongo que esto tiene que ver con que Anna Karenina y Olimpia son mujeres muy sensuales, pero no traspasan la barrera del erotismo. Tolstoi jamás relataría escenas de dormitorio de Anna y Manet retrató a Olimpia tapándose el pubis con la mano colocada en el muslo de forma exquisitamente discreta, natural. Porque Anna sería adúltera y Olimpia sería puta, pero eran unas señoras. Eran unas señoras. Lo que quiero decir es que tal vez la fuerza de estas mujeres resida en el misterio de su sensualidad, en su erotismo. En que son sensuales, eróticas, pero no objetos. El erotismo mistifica, mientras que la pornografía cosifica.

Tal vez digo chorradas y, además, chorradas aburridas. Pero son las dos y media de la mañana y tengo mucho sueño e insomnio y dolor de espalda y me pesan los párpados. Así que quizá otro día recupere este tema con un par de ideas frescas y una digna capacidad sintáctica. Pero no prometo nada.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Después de la lectura de este post te recomiendo vivamente Devenir perra.
Tenemos que dejar de ser niñas buenas y hacer lo que se espera de nosotras.
Yo sinceramente estoy hasta el coño ¿tú no?
Todavía quedan muchas cosas por las que luchar: si antes bastaba con ser buena madre y esposa -como si eso fuera poco- ahora también tenemos que ser buenas profesionales -¡ojo! no brillantes- cultas, vestir bien y encima tenemos que estar buenas... es de coña. Eso sí luego haya que aguantar a mamarrachos resentidos como este:El revanchismo "de género" (o sea, el resentimiento femenino) es un mal que se extiende imparable por todas partes. En el cine, por ejemplo, hace tiempo que está implantado: ¿qué otra cosa si no explica el éxito de aquella parábola semipublicitaria -como el resto de la filmografía de Ridley Scott- que fue Thelma y Louise?

Pero donde ese carácter resentido es más claro y elocuente es en las letras y en los videoclips de las canciones populares actuales. En este contexto el contraste con los antiguos modelos "de género" es harto evidente. Antaño, ante una ruptura o un desengaño los hombres solían -y aún suelen- llorar el amor fracasado, se emborrachaban para mitigar sus penas, se autocastigaban y se autodenigraban por sus faltas, su estupidez o su deslealtad y cantaban en tono elegiaco por la hembra perdida. Así ocurre en los tangos, en los boleros y las rancheras y en las conmovedoras canciones de Frank Sinatra o Billie Holliday.

Sin embargo, ante circunstancias parecidas, las mujeres actuales, que tan a menudo se identifican con una masculinidad imaginaria, no emulan la melancolía de los hombres sino que se calzan unas botas de caña alta, se atizan un atuendo de perdularia al estilo Madonna o un traje de leopardo y se retratan basureando sin piedad a potenciales amantes o pretendientes. Ni lloran ni piden perdón.

Hay ejemplos significativos en algunos videoclips de la frondosa discografía popular contemporánea: Shania Twain en That don't impress me much, en pose de femme fatale, toda ella leopardo; Shakira, en una canción titulada significativamente La tortura, donde despacha las excusas del golfo Alejandro Sanz con un A otro perro con ese hueso; y en una tonadilla pegadiza de Julieta Venegas: Me voy..., donde la mexicana arroja a su ex enamorado al vacío mientras levanta vuelo en un globo y tararea en tono angelical: "Qué lástima, pero adiós, me despido de ti y me voy...".

¿Tienes problemas con tu hombre? Escupe sobre él, maldice sus muertos, cámbialo ya mismo por otro, acaba con él; y si es preciso, tíralo por la ventana. No te cortes, que estás en tu derecho.

Lo dicho, tres nuevas canciones de esta guisa y la tasa mensual de asesinatos de mujeres acabará por triplicarse.

(¿No será este revanchismo resentido lo que ven venir con temor esos bárbaros islámicos..?).

Anónimo dijo...

Julia te quiere, por cierto el cabrón que ha escrito eso de arriba se hace llamar "escritor", es Enrique Lynch.

Knabe Mit Koffer dijo...

Dile a la anónima de "Thelma y Louise" que se eche un novio... lamento no haber conseguido centrarme en tu post, ha sido culpa suya XD. Mañana lo leeré detenidamente porque me resulta interesante... lo iré leyendo a medida que busco las fotos que citas en google imagenes. Ciao.

BN: He creido entender que el del primer comentario es un tío... ¿un 'hombre', que es un llorica? corregidme, os lo suplico.

Knabe Mit Koffer dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Knabe Mit Koffer dijo...
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Knabe Mit Koffer dijo...
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Anónimo dijo...

Knabe Mit Koffer, creo que no has entendido nada, aunque seguramente yo no me expresado muy bien.A partir de "revanchismo de género" es un fragmento de un texto de Enrique Lynch, que es un cerdo machista intelectualoide que cree que las mujeres ante una ruptura sólo podemos llorar y lamentarnos y no ser revanchistas porque si no, si luego nos zurrane s porque nos lo hemos buscado.
Espero que ahora lo hayas entendido bien, y gracias por la sugerencia, pero no necesito "echarme" novio

Oscar dijo...

Vaya la que se ha montado con el temita...

Ahora no voy a poder dormir yo por la curiosidad que tengo por saber lo que ponían los comentarios eliminados, mira tú XD

Hombre, a riesgo de equivocarme, yo creo que Anaís aquí no ha intentado reivindicar la posición de la mujer en la sociedad, sino que con ese "ataque de su feminidad" se refería a una revolución más personal e interior, gracias a la cual lleva una temporada más sensible a ciertos temas como, por ejemplo, encontrar qué es aquello que confiere erotismo a la naturaleza femenina. Que, en este caso podría ser la fortaleza, la dignidad, el aplomo, la entereza.

Y es que, es un misterio cómo una mujer cubierta de ropa hasta la cabeza, puede resultar erótica simplemente con una mirada firme y consciente de su lugar.

Y bueno, si no ha querido decir eso, pues os lo tomais como reflexión mía y me vale igual XD

anaïsea dijo...

Gracias, Óscar.

Comparto bastante de lo que dice mi Anónimo (Ánonima). Es cierto que hoy en día es difícil encontrar un papel social digno siendo mujer. O eres una pava superficial, o eres una tiburona, o una zorra o una mosca muerta. La cosa es ser algún tipo de animal chungo en lugar de ser una persona. Y el tema de la sexualidad es más problemático todavía. Hay que acostarse con hombres para no ser una "pardilla", pero tampoco con demasiados, no vayas a convertirte en una guarra. Por el hecho de ser mujer, eres objeto de juicio. A un hombre nunca se le hacen acusaciones de ningún tipo, porque se entiende que está en su "naturaleza" intentar acostarse con mujeres; si no aprovecha cualquier oportunidad, es porque es maduro o respetuoso... un dechado de virtudes. Pero en caso contrario, es justificable y normal. En una mujer esto es impensable: si aprovecha cualquier oportunidad de tener sexo es una fresca; si declina toda oportunidad, una estrecha. Aclarémonos, señores. La vida sexual de la gente es cosa de la gente. Sean del género que sean.

Esto es sólo un ejemplo, pero es extrapolable a muchos otros ámbitos, y muchas otras ocasiones. Es difícil hallar un hueco en el entramado social siendo mujer, como digo, porque parece que todo el mundo se siente con derecho a exigir un comportamiento, pero no a determinar qué comportamiento es ese. Se exige que no se hagan ciertas cosas, pero no se indica qué debe hacerse. Es agotador.

Pero vamos, Óscar tiene razón. Yo hablaba de la feminidad y del erotismo desde mi propio yo (un yo que está en la sociedad, claro, pero un yo) más que desde el punto de vista social. O, si lo preferís, más centrado en la "esencia" de la feminidad, que en su concreción en la realidad. Ambos aspectos están interrelacionados, pero hay diferencias evidentes.

Muchas gracias a los tres por vuestros comentarios. Me animan a seguir escribiendo, y pensando paranoias.

Besos.

Raulillo dijo...

¿Así que a un hombre no se le hacen acusaciones de ningún tipo? JA.
Mira a ver si un chaval en el instituto no se ve presionado para acostarse con cuantas más chicas mejor. Si rechaza según a qué muchachas, es marica, y eso pasa igual con los adultos. Un señor adulto y soltero que rechaza a una despampanante rubia de pelo rizado 60-90-60 es que le ocurre algo. Y esto es extrapolable a cualquier ámbito. Los roles de género oprimen a cualquiera.
No voy a comentar nada más que esto, porque me enciendo. Aúpa anónima.

Taty Cascada dijo...

Algunas veces navegar por las aguas de internet, me despabila las pestañas, me hierve el ojillo y me propaga como onda centrífuga en el río...
Vaya temita, temón...Te felicito tu pluma tiene el poder de centrarme en la realidad, de evadir mi modorra, y de instalarme en uno de mis elementos favoritos de escritura, la sensualidad.