15 de julio de 2009

EL CAMINO POÉTICO



Recuerdo con qué ojos miraba a mis primeros poemas. Me parecía que acababa de inventar algo, que eran una cosa fresca y nueva y radicalmente genial. Sencillamente, me parecían buenos. Con sus trabas, claro, un poco forzados, vale, un poco demasiado espontáneos, sí, pero estaban muy bien. Hoy he cometido el craso error de releerlos. Soy una poeta infame.

Creo que he mejorado un poquito. Creo que es porque escribo mucho menos. En primero de carrera, vomitaba versos. Era una barbaridad. No hacía más que leer y escribir (claro, afortunada de mí, entonces aún no necesitaba trabajar). Me encantaba sentarme con mi cuaderno manufacturado (era un montón de hojas cosidas por mí, con tapas hechas de cartón cubierto por una servilleta de papel con un estampado de grandes flores forrada de plástico), si hacía bueno, junto al pozo del campus; si llovía, guarecida bajo el porche del Edificio Central. Solía escribir a las ocho de la mañana o a las ocho de la noche, que eran los ratos en que me tocaba esperar. Mi padre me soltaba en el campus de camino al trabajo a las ocho, y hasta las nueve no empezaban las clases. Y por la tarde, yo tenía que esperarlo a que saliera del trabajo, cosa que podía darse entre las siete y las nueve de la noche. Tenía varias horas al día en las que lo único que tenía que hacer era esperar. Y aunqeu en el momento me fastidiaban muchísimo (porque es un auténtico peñazo tener que pasarte dos o tres horas al día sin poder moverte de un sitio no demasiado extenso), ahora las echo horriblemente de menos. Eran dos o tres horas para mí. En las que podía hacer lo que me diera la gana. Y lo que siempre me ha dado la gana hacer es escribir y, sobre todo, leer.

Eran poemas muy espontáneos. Miraba a las copas de los árboles, pensaba en algún tipo que me rondara la mente en aquel momento, y formulaba mis tonterías. Disfrutaba. De verdad, disfrutaba muchísimo. Pero no tenía ningún tipo de contención, ni de voluntad de hacer algo formalmente bello. Intentaba más bien provocar, ponía palabras contundentes, discordantes, me gustaba hacer cosas “innovadoras”, que llamasen la atención. Como diciendo “Atención, soy una persona excepcional y, como tal, escribo estas cosas tan originales”.

Creo que ahora tengo una poesía más modesta. No sólo en cuanto a producción (infinitamente menor), sino en cuanto a concepción. Sé que soy una mala poeta. No tengo sentido del ritmo y no manejo con soltura las figuras retóricas. Mis poemas, si son muy elaborados, son forzados como un corsé. Por eso intento ir a la raíz de las cosas. Intento depurar, quitar lo supérfluo. Si por azar me sale una figura medianamente evocadora la conservo, pero por lo general procuro ser lo más sencilla posible.

Sigo siendo una egocéntrica, sí, porque sigo pensando que tengo algo que decir. Pero conozco mis limitaciones en cuanto a artesana. Creo que puedo hablar de sentimientos comunes a todos, y describirlos con mediana fortuna. Pero sé que no soy capaz de, además de hablar un poco certeramente de ellos, adornarlos con bella retórica. Simplemente, se me da mal. Y, además, no creo que sea estrictamente necesario hacerlo.

Últimamente he leído a Juan Ramón Jiménez y a Salinas y, claro, a Benedetti. Y creo que ellos han demostrado, cien mil veces mejor que yo, que la poesía no es sólo la carcasa. Soy la mayor forofa de Baudelaire que el mundo ha visto, y me extasían los juegos de cadencia de la poesía de Poe. Pero creo que la poesía no es pura artesanía. Es tan útil un jarrón decorativo como un vaso de nocilla. El jarrón hará la casa agradable, el vaso nos permitirá saciar nuestra sed. Son igualmente útiles. Y, a su manera, su utilidad los convierte en algo hermoso.

Creo que mi camino poético (si es que tengo algún tipo de camino poético) es la sencillez. Hacerme entender y, así, hacer que la gente se entienda un poco mejor. Y si fracaso, bueno, tampoco pasa nada. Por lo menos he redescubierto a Juan Ramón, y eso no es moco de pavo.


Fotografía tomada de:

5 comentarios:

Raulillo dijo...

Sabes perfectamente que escribes bien. LA provocación y esa necesidad de hacerlo forman parte de una parte de tu poesía... otra cosa es que releyendo discrepes con esa adolescenta que eras. La poesía no es sólo carcasa, aunque tanto un jarron como un vaso de nocilla son así por algo, ¿no? no creo que tu poesía carezca de forma, o que no sepas dársela. Serás modesta, pero al menos eres poeta.

Knabe Mit Koffer dijo...

Las palabras bellas no son fieles.
Las palabras fieles no son bellas.

Gracias por escribir, estoy terminando de leer todo tu blog ;)

Javier dijo...

Dicen que la poesía mala generalmente casi siempre es verdadera o honesta. La forma es muy importante. El sentimiento contenido provoca la cascada y la intención. Sin embargo, si no se puede expresar, no se puede sentir o incluso pensar. La diferencia entre un tazón de nocilla y un jarrón de flores puede ser irrelevante. Pero Baudelaire quizás contestaría que el jarrón de flores no tiene una 'utilidad' y por ello es más susceptible de humanidad, de belleza, de maldad. Aunque no lo tengo claro

Oscar dijo...

Bueno, me meto sin saber de poesía, no es mi mundo.

Mi mundo es la composición musical (aunque también dibujo, claro), y si en algo se parece tu caso al mío, desde luego no sigues escribiendo por egocentrismo sino por necesidad.

La razón que me mueve a componer no es que tenga algo que contar (todos lo tenemos), es, porque si no lo hago, REVIENTO!! :-D

Un saludo!

anaïsea dijo...

Raulillo: sabes de sobra que tengo serias limitaciones a la hora de dar forma a los poemas. De todos modos, sabes que sigo en ello.

Knabe Mit Koffer: gracias a ti por leerme. Yo también estoy a la tarea de hacer aprecio total al tuyo.

Javier: estoy de acuerdo contigo a grandes rasgos. Si te fijas, a quien admiro es a Baudelaire. De lo que hablo en esta entrada (quizás con poco acierto) es de mis limitaciones. No puedo ser Baudelaire. No puedo siquiera acercarme a su forma de escribir. Además, por ejemplo, en Salinas o en Juan Ramón, la belleza del verso radica en su pureza, en la elección de la palabra exacta, que remite de forma perfecta a un concepto. Son distintos modos de crear belleza. Mi metáfora acerca de la utilidad de los jarrones y los vasos fue poco afortunada: no quería hablar de la utilidad de la poesía sino de la forma de crearla, de crear la belleza mediante palabras. Y lo que quería concluir es que, puesto que carezco de sentido del ritmo, tendré que tratar de acercarme a la belleza literaria por medio de la sencillez, de la búsqueda de la palabra pura, sin más adorno que el propio concepto. No sé si me he hecho entender, o si divago más, lo siento.

Óscar: tienes toda la razón. Si no escribo, reviento. Un beso!

Gracias a todos por vuestros comentarios, y siento no haber contestado antes. He estado liada.