21 de junio de 2009

EL PERSONAJE SECUNDARIO



Otro trocito de mi nivola La farola:

Ella era uno de esos entrañables personajes secundarios que al final de la película, mientras los protagonistas se besan con pasión a la luz de una farola, observa desde una esquina con una mirada melancólica y resignada propia de los personajes nobles, esa mirada de “Así debe ser, yo debo irme y no ser egoísta”. Después de un primer plano de una sonrisilla que a nadie engaña, el personaje secundario se aleja caminando con las manos en los bolsillos y la cámara se centra en el beso de los protagonistas. Esto lo hacen para que el espectador se vaya a casa con buen regustillo. No interesa una escena final en la que aparezca el entrañable personaje secundario en la pesada soledad de su habitación llorando a lágrima viva, porque el personaje secundario no debe enturbiar nunca la felicidad de los protagonistas ni de los espectadores. No debe crear congoja. No debe hacerse notar. Los personajes secundarios debemos ser fáciles de olvidar: en eso consiste ser un buen personaje secundario.

Pero algún día pienso rebelarme. Gritar desde mi discreta esquina un “¡Y una mierda!” que interrumpa el beso, aunque sólo sea para fastidiar. Porque ya sé que no tengo las piernas bien formadas, no tengo una voz bonita, no tengo el carisma que precisa un personaje para ser protagonista. Pero quiero que se me oiga. Quiero que el público me compadezca. Quiero que el público entienda la magnitud de mi sacrificio. Quiero un último plano de mí llorando en la pesada soledad de mi habitación. Quiero un…. Lo siento. Ya me callo. Lo siento mucho.

Lloraré detrás de la puerta cuando te vea sufrir. Pondré la sonrisilla resignadamente noble desde mi discreta esquina oscura si, por fin, sale bien lo que no parece de ninguna manera que pueda salir bien (¿en qué historia macabra andas metido?). No me quejaré jamás de la exclusión. Seguiré en mi a veces más a veces menos discreto segundo plano, sintiendo con el protagonista, sufriendo y alegrándome con él sin que él lo note.

Y, por la noche, me taparé con el edredón hasta la boca y suspiraré sin ruido. A lo sumo, tal vez, esbozaré una sonrisilla resignada de esas tan recurrentes. Nada más.







6 comentarios:

Oscar dijo...

La verdad es que comentar tus entradas es BASTANTE difícil. Suelen ser cosas tan internas y emocionales que cualquier cosa que digas no aporta nada más que trivialidad.

De todas formas, que sepas que aún así te leo con muchísimo interés.

Y ánimo! que todos somos protagonistas de nuestra propia película, aunque siempre suele ser mejor el libro (mode trivial: ON) XD

Un saludo!

Oiertxo dijo...

Muy bueno¡¡ Yo tambien soy un personaje secundario en medio de esta gran película absurda.

santiago dijo...

Hola:
en primer lugar decirte que mi padre era de Tafalla, en segundo lugar he estado husmeando por tu blog en tus poesías y prometo volver.
Un saludo y un placer leerte

Isa dijo...

Creo que todos nos sentimos más a menudo como ese personaje secundario que como el protagonista. O quizá seamos ambos a la vez... es difícil saberlo. Muy buena entrada, la verdad es que me ha hecho reflexionar bastante.

Un besote Anais! :)

César Rina dijo...

No, no. No existen personajes secundarios. Esa chica melancólica que observa escondida el beso protagoniza su historia. Decidió querer a alguien y lo cumplió hasta sus últimas consecuencias. La desazón siempre pertenecerá a los que aman lo que hacen y viven con el hálito del tiempo a sus espaldas.

Hay que sufrir para protagonizar.

anaïsea dijo...

Gracias a todos! La verdad es que los comentarios animan a seguir escribiendo. Además, creo que esto de ponerse a escribir es una manera de gritar "¡Oye, que mi historia también cuenta!".