15 de abril de 2009

LA PERSPECTIVA EN LA LITERATURA

Lo que convierte a un libro en un clásico es la mezcla de dos cosas: una técnica literaria impecable, y un tema imperecedero, que llegue a tocar el alma humana. Dicho así suena cursi a más no poder, lo sé, pero no se me ocurre otra forma de explicarlo.


En mi última intervención intenté demostrar que hay muchas técnicas diferentes, incluso opuestas, para tratar los temas. Shakespeare nos hablará de los celos mediante personajes apasionados, exacerbados y medio locos, como Othelo. Tolstoi nos hablará de esos mismos celos mediante personajes humanos, comedidos, tímidos e inseguros, como Lievin, que es el alter ego del propio autor. Los dos artistas nos muestran lo mismo: que las personas somos inseguras, y esa inseguridad hace que pensemos que la persona a la que queremos pueda fijarse en personas más interesantes que nosotros mismos. Y eso nos hace sufrir, claro. No son más ciertos los celos de Lievin que los de Othelo; son, simplemente, diferentes. No es menos clásico Othelo que Anna Karénina; son clásicos que emplean técnicas diferentes para hablar de la realidad.


No voy a irme por las ramas: de lo que quiero hablar hoy es de la perspectiva en la literatura. Y por perspectiva me refiero a la forma de enfocar un tema. Como suelo hacer, voy a partir de ejemplos concretos. En este caso, voy a tomar las tres grandes novelas de adulterio del diecinueve: Madame Bovary, La Regenta y, cómo no, Anna Karénina.


El argumento básico de estas tres novelas es sencillo: una mujer le es infiel a su marido. Sin embargo, los resultados son tan diferentes, y todos ellos tan creíbles, que parece imposible que compartan una misma trama argumental. Esto se debe a que cada autor quiere expresar una idea diferente, y por ello mira el tema desde una perspectiva distinta. Las tres protagonistas, además, se parecen en que son mujeres hermosas, cultas y soñadoras, y de una clase media o alta, pero ahí acaban sus similitudes. Ana Ozores carece del arrojo de Anna Karénina, y Emma Bovary es más cruel y superficial que las otras dos juntas.


Cuando leemos La Regenta, no podemos evitar sentir lástima de Ana. Es una muchacha bella e inteligente, a quien la vida no ha tratado bien. Es una mujer increíblemente inocente, con una sensibilidad fuera de lo común y, por ello, es muy influenciable. Y está encerrada en una vida absurda y tediosa que no le ofrece aliciente alguno. La casan con un hombre mucho mayor que ella, aburrido y bastante mediocre, que la quiere con un cariño tibio, más de padre que de marido. Y forma parte de una sociedad hipócrita que de algún modo la desprecia porque ella es una mujer virtuosa. Todos sus allegados están deseando verla caer, y se puede decir que prácticamente la empujan a obrar así. Cuando Ana sucumbe al acoso y derribo de don Álvaro, todos los que en los corrillos la reprenden, en su fuero interno suspiran aliviados al ver que incluso la mejor de las mujeres es tan mala como ellos mismos. Lo cierto es que, conforme vamos conociendo a Ana, casi nos parece que es la única alternativa que tenía. Creo que prácticamente ninguno de nosotros habría sido capaz de obrar de forma distinta a como lo hizo ella, de haber estado en su situación.


Con Emma Bovary nos pasa al contrario. A lo mejor también depende de los ojos con que se lea la novela, pero yo acabé teniéndole a Emma un profundo desprecio. Está casada con un hombre sencillo, casi bobalicón de tan inocente que es, pero buen hombre en el fondo, y que está profundamente enamorado de ella. Emma es una tirana: obliga a Carlos Bovary a dilapidar su fortuna en pos de sus caprichos, lo arruina para poder vivir con un lujo que no le corresponde, y encima le es infiel. Se aprovecha de su marido para vivir una fantasía romántica. Es una mujer tremendamente egoísta y vacua, y vemos que su situación es fruto de sus obras y decisiones, plenamente libres.


Y por último está el caso de Anna Karénina. Este caso es ya más complejo. No podría decirse que Anna es una mujer cruel, porque en un principio intenta resistirse al asedio de Vronski, mientras que Emma era quien buscaba a sus amantes. Anna es una mujer honrada, y sufre por su situación, pero es una mujer con un espíritu libre. Está casada con un hombre al que no ama y que tampoco la ama, y siente que está viviendo una farsa. Su matrimonio tiene únicamente valor social. Ella quiere una vida que merezca la pena ser vivida, y eso es lo que Vronski le ofrece. No es que Anna tenga una aventura, es que se enamora de un hombre después de estar casada. Esto hace que la situación sea complicada. Vemos que su marido en ningún momento sufre porque Anna le haya sido infiel, sino que le da rabia que peligre su estatus a ojos de los demás. Anna pelea contra una sociedad hipócrita ejerciendo su libertad. Liberarse de su marido significa liberarse de las imposiciones sociales. No hay que pensar que a Tolstoi le parecía bien que una mujer fuese infiel, ni mucho menos: lo que Tolstoi nos muestra es que la sociedad moscovita era falsa e hipócrita, que se contraía matrimonio por motivos equivocados y por ello las cosas salían mal, porque la base de un matrimonio sano debe ser el amor y no las convenciones sociales, como queda demostrado en el caso de la otra pareja de la novela, Lievin y Kitty. Al menos, así lo interpreto yo. Tampoco soy una experta en estas lides.


Vamos, que son tres novelas de adulterio, pero no tienen nada que ver una con otra. Y esto es por una cosa muy sencilla: que cada autor quería decirnos una cosa diferente. Flaubert quería mostrarnos una sociedad vacía y hueca, como la propia Emma. Clarín, por su parte, nos está hablando de que en un mundo en que la sociedad tiene un poder tan fuerte, la libertad de las personas queda anulada. Ana Ozores no tomó libremente sus decisiones: la inercia social la condujo a ellas, y por ello su conducta nos parece comprensible y no punible. Por último, Tolstoi retrata a una mujer honrada y fuerte pero atormentada en una vida baldía que no le resulta suficiente, de la que intenta librarse a pesar de la presión de una sociedad que, a la postre, siempre vence.


Pero voy a dejarme de explicaciones, porque al final acabaré quitándoos las ganas de leer estas grandes obras maestras, y no podría perdonarme. Resumamos en que de un mismo argumento pueden surgir resultados diferentes, según la perspectiva que el autor emplee. En este caso, cada autor tenía un concepto muy diferente de lo que es la libertad, y eso se refleja en sus heroínas. Ana Ozores no es libre, Emma Bovary sí que lo es, y Anna Karénina es libre de elegir entre dos opciones, sí, pero sabiendo que ninguna de las dos la dejará en una buena situación. Seguro que todo esto nos suena de algo. Y eso es porque estamos hablando de buena literatura y la buena literatura nos enseña cosas que, en el fondo, ya conocemos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias tanto por esta información
my webpage > Merlyn Caryk