15 de abril de 2009

LA ENTRADA MÁS SERIA QUE JAMÁS HE ESCRITO

MEA CULPA, ENSAYO SOBRE LA FRIKIDAD, DEFENSA-MANIFIESTO Y OTRAS FIERAS
 
Lo confieso: en más de una ocasión he dicho "Soy una friki". Y, queridos lectores, no imaginan qué grado alcanza mi arrepentimiento, ya que he contribuido a la degradación de tamaña palabra, digna de ser aplicada solamente a aquellos que han "sacrificado" la banalidad propia de la pronta adolescencia y en lugar de dedicarse a las actividades propias de esa nefasta edad divinificadora (relaciones sociales, salivales y demás patrañas) han cultivado y desarrollado los hobbies más extravagantes. Estos héroes que conocen a la perfección un campo extenso de un saber inútil son los únicos merecedores de ostentar el sagrado título de FRIKI.
 
Pero, como suele pasar con muchas palabras, la palabra friki se ha devaluado y ha llegado a aplicárseme a mí (en ocasiones por mí misma, pobre pecadora), ignorante mastuerza que descubrió el manga con la mayoría de edad cumplida, que no tiene ni idea de cómo se deletrea Chulthlu (véase), que jamás ha leído un cómic de X-men, que el único haiku que sabe recitar es de una autora extremeña y que, en definitiva, no ha tenido que enfrentarse a problema alguno para acceder a la subcultura que la era global extiende y facilita. En fin.
 
La última vez que me llamaron friki fue cuando me vieron fotografiando una definición del Tesoro de Covarrubias. Por consejo de mis exquisitos Kath, Ibi y Jos decidí echarle una ojeada y fue amor a primera vista: como su propio nombre indica, ese diccionario es un auténtico TESORO: no saben, queridos lectores, qué jocosos ratos de distensión entre examen y examen facilitó la lectura de tronchantes definiciones [Ej: "MAHOMA (ojalá que no hubiese nazido en este mundo)... cuando el Señor lo estime conveniente, bajará y lo derrocará"] que, en numerosas ocasiones, no rayaban sino que se regodeaban en la crueldad. Así pues, fotografiaba yo cuando me llamaron friki. Cada vez que me aplican el calificativo un orgullo me recorre la médula espinal desembocando en dos coloretes de feliz rubor, lo reconozco, pero me arrepiento de no poner fin a la confusión, cada vez más extendida: FRIKI ha pasado a significar ATÍPICO. Es atípico (y no friki) leer el Covarrubias, así como es atípico leer cualquier cosa anterior a 1990. Pero lo friki cada vez es menos atípico y más "cool".
 
Cuando yo tenía 9 años tomé conciencia de que era difícil tener gustos atípicos. No sé si porque realmente ya entonces me daba cuenta de lo pérfido de su música o por mero afán de forjarme una personalidad definida, yo detestaba a las Spice Girls. En un alarde de ingenio, las bauticé Espárragas y gracias a eso pasé año y medio de mi infancia más colgada que las carnes de un sumo (con todos mis respetos a su lozanía). No es que tuviera un criterio musical independiente y digno de loas. Me encantaría decir que fue entonces cuando descubrí (grupo imponente) y (grupo imponente) y que escuchaba sin parar (otra banda imponente), pero no: escuchaba Mocedades, los Beatles, Cecilia, Jeanette, Démis Roussos y Joe Cocker, artistas de la colección de mis padres (oh, infamia). Y sigo escuchándolos, la verdad. ¿Friki? No. ¿Atípica? Psé. Por los Beatles no será, desde luego.
 
Pero la cosa es que entonces ser atípico era difícil. Yo pasé mi año y medio infernal soportando crueles mofas de niños crueles. Requirió mucha fortaleza mental, créanme. Tener 9 años y no tener amigos es jodido. Tener 9 años y tener enemigos que te hacen bullying por el mero hecho de humillarte porque eres "rara" es MUY jodido. Teníamos 9 años y no guardo rencores ni grandes traumas, tampoco exageremos, pero yo me sentía orgullosa de mi obstinación porque supuso un esfuerzo. Tuve que sufrir para ser distinta. En lugar de quedar con niños e ir a merendolas a hacer mezclas asquerosas con ganchitos, cocacola y demás, leía tres libros al día tirada en los cojines de colores de la biblioteca infantil de Barañáin. Me comí las series Supercanguros, las gemelas de Sweet Valley en el colegio (serie rosa), en el highschool (serie azul) y en la universidad (serie amarilla, en que Todd se tiraba a una amiga de Elizabeth porque ella le había dejado porque no quería follar con él todavía, y cuando ella va porque ha decidido follar ve a su amiga con una camiseta preguntando por la pasta de dientes a Todd que pone cara culpable y asustada y Elizabeth se va llorando mientras Jessica no era virgen ni de coña. Qué escándalo) y toda la sección Angular juvenil, la que tenía rectangulitos en el lomo de los libros. Se acabaron los libros de la sección infantil pero no los malos tiempos, así que pasé a la sección de literatura para adultos. Mentiría si negara que esta chapa la suelto porque estoy orgullosa de que con 9 años pasaran por mis manos Tolkien, Kafka, Unamuno, Beauvoir, Austen y hasta Tolstoi (aunque reconozco que se me cayó de las manos y lo recuperé mucho después). Aparte de un poco bastante de autobombo (que no viene mal en estos tiempos de crisis) lo que quiero es constatar que cuando era cría me gustaba ser distinta porque suponía un reto. Ahora no.
 
Ahora, ser diferente es de lo más fácil: tan sólo hay que encuadrarse en uno de los grupos de este absurdo maniqueísmo social de mis veinte años. Hablo de lo que veo en lo que tengo cerca, oséase, mi universidad: digamos que hay dos grupos diferenciados que, con mil matices, denominaremos "progres" y "tradicionales". Cada uno se uniforma a su manera (náuticos, polos y valores férreos; cinturones de pinchos, vaqueros caídos y camisetas con frases ingeniosas). Un tradicional se siente orgulloso de no dejarse llevar por la corriente de la juventud perdida, progre y sin valores; un progre se siente orgulloso de no dejarse llevar por la corriente de la moral impuesta, etcétera... ¿Dónde están los frikis en todo esto? En ninguna parte.
 
Con veinte años es realmente complicado (¿imposible?) ser friki. Los progres tienden a ir de frikis muchas veces: memorizan a golpe de google datos de esa subcultura comercial globalizada que han arrebatado a los santuarios de la frikidad y luego los sueltan de forma totalmente descontextualizada para ser guays y alternativos y pseudofrikis. Eso no es un friki. Y es que un verdadero, auténtico friki renuncia a una vida normal con gente normal y polvos normales con gente normal porque su hobbie extravagante le otorga placer y entretenimiento suficientes.. el friki real no existe. A partir de cierta edad, el friki se extingue. Quedan vestigios del friki, ratos muertos en que alimenta y cuida durante un ratito ese vasto terreno que concedió a su pasión ahora aparcada. El friki muere con la vida social.
 
Eso no es malo: al contrario. Esto permite que los frikis se relacionen, se reproduzcan y creen frikicitos en potencia que salven el mundo en el futuro. Lo que es malo es que un pseudofriki se vanaglorie de su condición de friki, cayendo así de lleno en la categoría extensa y casi contraria: los borregos. Este ha sido mi caso cada vez que he dicho "Soy una friki". Entiendo que los frikis verdaderos defiendan su terreno y les moleste que los progres lo usurpen a golpe de google, y que los atípicos violen el verdadero sentido de su título honorífico.
 
Jamás había escrito una entrada tan larga y menos en un tono tan relativamente serio. Así que, como dudo que nadie haya llegado a leer hasta aquí, aprovecho para hacer un resumen y una defensa-manifiesto:
 
1. Los frikis se forjan en la adolescencia a costa de su vida social; así pues, desaparecen cuando comienzan a relacionarse. Esto no es malo, ya que ayuda a pertetuar la frikidad.
 
2. Un friki es alguien que controla un ámbito subcultural extenso que le apasiona, no alguien que un rato muerto se dedica a hacer algo atípico, ni alguien que accede a esta subcultura de manera rápida y facilona. Ser friki requiere esfuerzo.
 
3. No soy friki, aunque me habría encantado.
 
 
ENSAYO-DEFENSA-MANIFIESTO
 
El mundo social que conozco es un triángulo isósceles. En los vértices de la base hay dos grupos: frikis y cultos. El vértice superior corresponde al grupo que más triángulo abarca, el de los borregos. Entre estos tres extremos hay millones de matices y subgrupos que toman rasgos de vértices distintos. Quien se vanagloria de su supuesto grupo y desprecia a los otros, suele ser, aunque lo ignore, bastante borrego (con porción de frikidad o cultura, se concede). Quien desprecia su grupo y envidia otro suele ser también bastante borrego. Quien no se ha parado a pensar que hay grupos y en definitiva le da igual, por lo general, que haya algo aparte de sí y de sí y de sí, suele ser también muy borrego. De hecho, todos somos bastante borregos.
 
Dicho esto, quiero hacer la defensa del centro del triángulo. La gente (como yo) que no sabe qué es, que no es borrega del todo (porque se da cuenta de que es borrega), ni es demasiado culta, y que le gusta y respeta litúrgicamente lo friki pero que ni de coña es experta en subcultura, merece un aplauso. No nos acoge ningún grupo y este desarraigo merece una doble ovación por lo difícil de nuestra definición y porque hamos sabido disfrutar y aprovechar pequeños rasgos de cada grupo: la banalidad borrega de los maravillosos ratos simples, el mundo de la cultura para elegir un buen libro o un buen interlocutor y el mundo de la subcultura... pues no sé para qué (¿para divertirse?¿perder el tiempo?¿para disfrutar de su atipicidad?¿para fardar?).
 
En fin, que nadie habrá llegado al final de esta chapa, pero yo lo digo igualmente: vivamos los indefinidos. La mediocridad es la única atipicidad real en los tiempos que corren.

3 comentarios:

Imanol dijo...

En primer lugar, escribo para dar prueba inequívoca de que he entrado en tu blog, y de que al menos me he leído uno de tus artículos que, no sé si es el más serio, pero al menos me ha parecido genial; y siento un extraño orgullo por ser el primero (y quizá el único) que lo comente.
El tuyo es un acertado tributo a la frikidad. Y desde aquí yo también quiero mostrar mi reconocimiento a todos aquellos que verdaderamente sacrificaron sus mejores años de la adolescencia en cosas que nadie salvo ellos sabía valorar.
Yo, por desgracia, tampoco puedo incluirme en las inmediaciones del ángulo friki. Pero por suerte yo no me veo obligado a corregir ningún error. Nadie, que yo recuerde, me ha llamado nunca friki.
En cualquier caso, conste aquí que yo una vez no estuve lejos de introducirme en este club selecto. Más bien estuve cerca, con una adolescencia que revestía las condiciones externas idóneas para desarrollar este tipo de actividades sub-culturales: la falta de un grupo de amigos, la frialdad en mis relaciones sociales y ese imponente sentimiento de servil reverencia hacia ese extraño ser que algunas tradiciones culturales han dado en llamar hembra... Y tenía buenos antecedentes en mi infancia, con una multitud de amigos imaginarios y peluches parlanchines; con un gusto mucho más longevo que el de mis compañeros por los dinosaurios, un afecto atípico por las hormigas y por Dios. Pero me faltó fuerza de voluntad y constancia. Hoy podría ser el mayor experto del mundo en la reproducción de las hormigas, las tipologías de las hojas de la espada romana o los juegos estrategia con miniaturas de batallas históricas. Pero en su momento me pudo la pereza. Y cuando la vencí, comencé a ser normal.
En fin, espero verte pronto, Anaïs. Y esto para que veas que suelo recordar las cosas que me dices (como cuando me hablaste de tu blog). Gran blog, por cierto. Un beso.
Imanol, n.S.I.

anaïsea dijo...

Mi querido Imanol: antes de nada, tengo una pregunta importante. Prepara tu intelecto y todas tus armas dialécticas para darme una respuesta escueta, directa y a la vez acertada a la siguiente cuestión: ¿qué significa eso de n.S.I.?????

Por lo demás, te agradezco enormemente tu comentario. Mi pobre entrada se sentía desnuda y triste, y estaba convencida de que nadie la había leído ni la leería, cuando de repente tú, cual caballero (¿templario?) la rescatas del olvido... Me hace muy feliz que compartas conmigo el tributo a la frikidad. Realmente me parece importantísimo que los frikis existan. Nos hace parecer a la gente como tú y como yo menos colgados (nótese el empleo de "parecer"). Y, disculpa que te lo diga, aunque lograras vencer con tu pereza a tu pasión por formicas y dinosaurios, nunca, queridísimo mío, NUNCA has sido ni creo que seas "normal". Y que conste que lo digo como piropo.

Un beso enorme.

Imanol dijo...

Querida Anaïs; por no alargarme demasiado con tu pregunta sencillamente te diré que n.S.I. es el acrónimo de "novitius Societatis Iesu" (o sea, novicio de la Compañía de Jesús). Es muy común encontrarte con jesuitas que firman con S.I. o S.J., es decir, el acrónimo del nombre latino de la orden. Yo aún no puedo por no haber hecho los votos simples, por eso añado la "n" minúscula de novicio. En la Iglesia católica es tradicional que los religiosos firmen con el acrónimo de su orden como signo de identidad; así un dominico puede añadir a su nombre el de O.P. (Ordo Predicatorum)y un franciscano O.F.M. (Ordo Fratrum Minorum).
Por lo demás, gracias por tus palabras y por no considerarme "normal". Por supuesto, lo tomo como un piropo. Y qué decir tiene que debemos mucho a aquellos que con sus trabajados gustos externos han sabido dar portazo a las filas uniformadas de la gente "normal". Y esto lo han hecho al menos hasta que este mundo, como Matrix caprichoso, poco tolerante con las anomalías del sistema, ha formateado de nuevo el disco duro para convertir la frikidad en cool. Pero, gracias a Dios, siempre nos quedará pensar que este mundo no podrá impregnar todo con su grisacea indiferencia, y que siempre habrá algún héroe anónimo que en su imaginación, sus esfuezos y sus decisiones logré salirse de la media insulsa, algún post-cartesiano que haga suyo, con orgullo, la afirmación "pienso por mí mismo, luego no existo para el resto".
Bueno, hoy por ser día de aquel atípico de Ignacio de Loyola he bebido un poquillo de más en la comida que hemos tenido, y creo que eso está dejando ver sus efectos en este comentario. Así que antes de seguir poniéndome en envidencia me despido de ti, Anaïs. Con todo el cariño del mundo. Espero verte pronto. Ya te llamaré y hablaremos. Un beso muy fuerte. ¡Hasta pronto!
Imanol, novicio de la Compañía de Jesús.