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Disfrutadlo.

POEMA



Creo que, aunque a mi último poemario lo he llamado "El absurdo que rueda", voy a tener que cambiarle el nombre por "Poemario laboral", porque este tema me tiene tan aburrida que ha impregnado hasta (o sobre todo) mi escasísima producción literaria... Pero bueno, espero que al menos os guste. O que no os guste nada. Pero que produzca una reacción, y me la comentéis.


DENUBIL

Asténica, abúlica, apática.
Problemas cognitivos,
síndrome de ansiedad generalizada,
angustia, depresión, agorafobia,
fatiga psíquico-física
y un sueldo de mierda.

Estrés, taquicardia, agujas
en venas que se mueven
en venas que bailan
en venas que palpitan una danza disuasoria.
En venas moradas
llenas de sangre vieja.

Quiero curarme.
No quiero curarme.

El hierro, las pastillas, la vitamina ce.
Las amígdalas, la hormona del tiroides,
hipercolesterolemia y el fibroma
en la mama derecha.
Del tamaño de una nuez y nodulado.
También los antecedentes familiares:
buenos dientes, mala sangre.

Quiero curarme.
No quiero curarme.

Tener cuerpo y alma y estar rota
y tener que aguantar esto.
Asténica, abúlica, apática,
fatiga psíquico-física
y un sueldo de mierda.

SU TIQUET GRACIAS


Quién va, para regalo, son veinticinco cuarenta, gracias, los cambios y el tiquet gracias, envolver, pegatina, a la bolsa, ¿y no me pone un adorno?, sacar de la bolsa, una fila enfurecida de clientes enfurecidos, colocar el adorno, meter en la bolsa, fila furibonda que bufa, aquí tiene, gracias, siguiente.

Quién va, para regalo, diecinueve noventa, justo, perfecto, su tiquet gracias, envolver, pegatina, ¿quiere adorno?, no hace falta, a la bolsa, bueno sí mejor ponme adorno, bufo en mi cabeza tras una mueca macabra que simula una sonrisa, sacar de la bolsa, adorno, a la bolsa, aquí tiene, siguiente, ¿me has dado el tiquet?, sí señora, ¿seguro?, sí señora, no lo encuentro ah sí aquí está, gracias, siguiente.

Quién va, para regalo pienso en París catorce noventa y cinco con sus calles de lluvia su cambio y su tiquet en las editoriales de París gracias en las que podría trabajar envolver pero para eso tengo que estudiar francés pegatina así que me compraré la gramática de espasa el adorno porque es un sueño plausible a la bolsa y está claro que esto no es vida gracias en absoluto siguiente.


LOS PERROS ROMÁNTICOS

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba ese sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar.


Roberto Bolaño en Los perros románticos (Acantilado, 2006)

NO PUEDO EVITAR REENAMORARME DE ESTA CANCIÓN CADA VEZ QUE LA OIGO

http://www.youtube.com/watch?v=LU_QR_FTt3E&feature=PlayList&p=8215B6053297B218&index=24

LA AUTORIDAD Y EL RESPETO





Siempre he sido excesivamente orgullosa. Y tengo hacia mi orgullo una actitud ambivalente: no me alegro de ser tan orgullosa porque a veces la dignidad se convierte en terquedad, pero prefiero ser digna y vapuleada antes que humillada. Prefiero acabar malherida antes de agachar la cabeza.

Cada día he de entrar en un edificio enorme por una puerta diferente a la del resto de la gente. Esa es mi primera capitulación diaria: bajar largos tramos de escaleras hasta un subsuelo lleno de laberintos, como una rata de laboratorio, y caminar por pasillos subterráneos hasta aflorar en un mundo de servilismo. Un mundo de servilismo donde, claro, yo soy la sierva. No me importa ofrecer servicio. Nunca me ha importado. Creo que la dignidad del ser humano reside en gran parte en su capacidad de ofrecerse. El problema viene cuando aquellos que te piden servicio confunden el servicio con el servilismo. Cuando confunden autoridad, respeto y sometimiento.

Me he resignado a empeñar la mitad de mi vida a cambio de un sueldo cuasi-digno. Pero no van a hacer de mí parte de toda esa parafernalia. Como dicen en muchas películas, "tienen mi cuerpo, pero no mi corazón". Intentando hacer que suene ligeramente menos ridículo diré que tienen mi tiempo, pero no a mí. La Anaïs capaz de hacer grandes cosas está aquí dentro, guardada, esperando su oportunidad. Y algún día llegará. Estoy moviendo los hilos para que esa oportunidad llegue, y sea un hecho, y sea un hecho que marque un hito (una beca, un trabajo mejor). Algún día dejaré esos laberintos cavados en las tripas de la ciudad y llenaré aún más mi casa de libros, y pasearé por aulas y por claustros y tendré tiempo, por fin, para estudiar con mayúsculas; estudiar de forma madura, leer comprensivamente, investigar, investigar, investigar y, así, aprovechar este cerebro y a sus fieras para desenmarañar un poquito más ese universo literario que me apasiona. Yo sé que llegará ese día, y toda esta frustración y todo este resentimiento no serán más que un par de párrafos en este blog y algún relato introspectivo. Y nada más.

MAÑANA TENGO CLASE



Me gustaría poder dormir. Pero es una de esas noches inquietas. Una de esas noches en que te levantas y dices "Voy a ponerme a escribir" y en lugar de hacer esa novela soñada o ese poema que abrirá las puertas de un mundo nuevo, te encuentras a ti misma mirando dibujos de pin ups de los años 40 en google. ¿Por qué razón? Pues no lo sé.

Pero, ¿por qué razón no puedo dormir? Soy una buena chica. Tengo la conciencia tranquila. He tenido una larga jornada de trabajo. Estoy cansada. ¿Por qué no puedo dormir? No es justo. Ni lógico. Ni sano.

He mirado también fotografías de desnudo artístico. El desnudo es un tema que me interesa. No por nada. Y, la verdad, estoy demasiado cansada como para intentar hablar de esto, pero creo que intento buscar el límite entre lo meramente físico, lo artístico, lo erótico y lo pornográfico. La diferencia entre lo erótico y lo pornográfico es muy sencilla. Es una diferencia de intención. Pero lo erótico es un campo ambiguo. Lo erótico es aquello que explota la belleza del cuerpo, que no lo transforma en otra cosa ni lo cosifica, pero que resalta la belleza de un cuerpo tanto que casi consigue que pasemos de ser espectadores a ser partícipes de esa belleza. O tal vez no. Ya digo que estoy muy cansada y que tengo sueño y que me duele la espalda, y de este tema no tengo ni idea. Es la típica idea que se da cabezazos contra las paredes de tu cerebro, pero que nunca toma cuerpo. Es una idea sin cuerpo. Sin palabras.

A mí, la Olimpia de Manet me parece el vértice en que se encuentran lo bello, lo físico y lo erótico. Pero la Olimpia tiene muchas más implicaciones. Te mira de frente y te dice "Soy puta, sí; atrévete a juzgarme". Es tan digna. Ese cuadro siempre me ha impresionado hasta la turbación. Esa seria altivez, esa seguridad que irradia. Esa fuerza. El arte está lleno de mujeres, pero hay pocas mujeres fuertes, intensas. Están Olimpia, Anna Karenina,  la Victoria de Samotracia y poco más. La mayoría de las mujeres son débiles, dóciles, son frágiles, son elementos decorativos tristes, bellas hasta el dolor físico, pero nada más. No tienen fuerza. En todo caso, como Teresa en La insoportable levedad del ser, su fuerza reside en su vulnerabilidad. Su fragilidad es su arma. Pero yo me consuelo con que hay Annas y hay Olimpias y hay Victorias que sacan la fuerza de su propia belleza. Hay mujeres fuertes. Tenemos esperanza.


Nunca suelo meterme en ese discurso "mujeril". Es tan fácil caer en el tópico. Y odio decir obviedades y odio los lugares comunes y no decir nada que aporte lo más mínimo. Pero últimamente, no sé por qué, mi feminidad me ha atacado como blandiendo una espada. Tengo el tema en mente. Y no sé por qué, relaciono todo esto con el erotismo y con la naturaleza y con todo esto de lo que venía hablando. No: no sé adónde quiero ir a parar. Supongo que esto tiene que ver con que Anna Karenina y Olimpia son mujeres muy sensuales, pero no traspasan la barrera del erotismo. Tolstoi jamás relataría escenas de dormitorio de Anna y Manet retrató a Olimpia tapándose el pubis con la mano colocada en el muslo de forma exquisitamente discreta, natural. Porque Anna sería adúltera y Olimpia sería puta, pero eran unas señoras. Eran unas señoras. Lo que quiero decir es que tal vez la fuerza de estas mujeres resida en el misterio de su sensualidad, en su erotismo. En que son sensuales, eróticas, pero no objetos. El erotismo mistifica, mientras que la pornografía cosifica.

Tal vez digo chorradas y, además, chorradas aburridas. Pero son las dos y media de la mañana y tengo mucho sueño e insomnio y dolor de espalda y me pesan los párpados. Así que quizá otro día recupere este tema con un par de ideas frescas y una digna capacidad sintáctica. Pero no prometo nada.